Imaginarnos el futuro desde Guadalajara

Ante un presente postpandémico que nos exige ser más críticos, más dinámicos, más flexibles, el futuro de Guadalajara seduce a raudales.

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Guadalajara Rambla Cataluña

Por Dolores Tapia
Creadora escénica, comunicadora digital, amante de la ciudad y promotora de las artes

Como habitantes de una ciudad somos provocadores de sentido, lo dijo en su tiempo, con otras palabras, el mismísimo Luis Barragán. Hoy, ante un presente postpandémico que nos exige ser más críticos, más dinámicos, más flexibles, el futuro de Guadalajara, si es verdad que nuestra mirada le influye, me seduce a raudales. Vivir en esta urbe es un verdadero acto de amor a los pequeños rituales; como el de la torta ahogada, la jericalla pa’l postre y por supuesto, el birote. A los tapatíos nos fascinan los grandes sueños alcanzados por nuestros coterráneos: Ximena Navarrete, “Chicharito”, Lorena Ochoa o Checo Pérez. Ambas dimensiones, lo minúsculo rizomático y lo grandioso cosmopolita, confluyen y juegan en una dialéctica paradójica. Como dijo Monsiváis: “Somos aquello en lo que creemos, aún sin darnos cuenta”. Tan natural como adorar a las Chivas, querer al Atlas y honrar por siempre a Rafa Márquez.

Guadalajara, innovando aún en la adversidad

Nos hemos posicionado, aún en la crisis sanitaria, como el territorio creativo por excelencia. El periódico El Economista señalaba en octubre del 2021 que “la pandemia generó un aumento en la demanda de contenidos tanto en plataformas de entretenimiento como en videojuegos”. Lo que nos coloca, pienso, en primera línea para nuevas inversiones. Seremos capital de estas industrias en Latinoamérica. Lo dijo el presidente del fideicomiso de CCD, Antonio Salazar Gómez, lo replicaron varios medios y lo celebré yo.

Por si quedaba duda, en esta tierra, además del buen tequila, se dan buenos cineastas. Ahí está Samuel Kishi, de Zapopan, quien con su historia local/global se fue al Premio Goya, representando a toda Iberoamérica con el filme, bellísimo, por cierto: “Los Lobos”; una película que el mundo entero, hoy, puede ver por HBO Max. Y como bajado de un olimpo celuloide. Guillermo del Toro nos abraza celestial como el heraldo jalisciense al que todos amamos, y al que el gobierno sí le hace caso. El cineasta auspicia aquí “El Taller del Chucho”; un estudio de animación, producción e innovación cinematográfica que impacta directamente en la región centro occidente de nuestro país. En este espacio el director de “El Laberinto del Fauno” hizo la filmación de “Pinocchio”, próxima a estrenarse en Netflix. 

Y uno aquí, viendo los Arcos de la Minerva, piensa: ¿Cómo nos activamos y proponemos en esta nueva era? Somos testigos  del Festival Internacional de Cine de Guadalajara que en su edición 37 emerge renacido, incitando el encuentro en el clásico Cineforo o en “los dogos” de afuera, para comentar el punto. O también en el formidable Centro Cultural Universitario. Una propuesta urbana y cultural de primer mundo, que integra el arte y la economía y que abraza al Auditorio Telmex, la Biblioteca Pública del Estado, la Plaza Bicentenario y el Conjunto Santander de Artes Escénicas; espacio que además merece como recinto mundial, un capítulo aparte.

Nos descubriremos jóvenes o añejos como los tequilas. Algunos seremos más cristalinos otros más complejos, compartiremos con los otros en el Sanborns o en el Salón del Bosque o en la cantina La Fuente. Nos sabremos nuevos o tradicionales gracias a nuestro gusto por la conversa y el buen café. Porque en este bonito asfalto con su calor, sus terrazas, su lluvia y su cielo, hemos desarrollado con mucho orgullo a lo largo de los últimos diez años, una buena cultura de café.

Ahí está el Café del Vago del monero Jis que con su toque hípster compite sin querer con el discretísimo Matraz donde nos damos cita gestores, artistas, emprendedores y políticos.

No puedo omitir el legendario Caligary. Y nuestro must elocuente citadino: el Pa’l Real donde además nos podemos encontrar al famoso Fabián Delgado: el ilustre chef barrial que nos pone de buenas. Porque Guadalajara es eso, la gente, los encuentros, y por supuesto, sus leyendas.

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