No soltar la idea

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Entrevista por: Patricia Mignani
“Hasta hace un año nadie creía en lo que hacía; nadie, nadie” así cuenta Diego Chávez el camino robusto que tuvo que recorrer hasta llegar a LIF, un cepillo dental masticable que se está vendiendo en cadenas de tiendas desde hace poco más de dos meses. A pesar de que la idea nació en 2011 fue recién en 2016 en donde despegó la formalización. “Empecé haciendo dibujos de cómo podía quedar, hicimos una primera prueba que quedó horrible, pero me di cuenta de que funcionaba”. El año pasado, con Reto Zapopan, el prototipo se hizo una realidad y la internacionalización tocó a la puerta de este proyecto.
   Dicen que la confianza pasa por muchos aspectos de la vida personal. Para Diego Chávez fue a partir del aliento que sintió que su seguridad decrecía; esto le sucedió en un antiguo empleo. A partir de allí, en vez de solo quejarse, decidió hacer algo más: crear un producto que pudiera mejorar su aliento, y además limpiar de alguna manera los dientes, sin necesidad de tener que buscar un baño, cargar con un cepillo y pasta dental.
   “Un día hablando con mi hermano me dijo que el producto le gustaba mucho, pero que no le iba a meter dinero porque era muy probable que luego las grandes empresas me lo sacaran de las manos. Ahí supe que tenía que protegerme”. El creador hizo el registro de dos patentes, una marca y dos marcas tridimensionales.
¿Cuál fue el proceso para conformar la empresa? 
A partir de ver que la idea funcionaba me di cuenta que tenía que renunciar a mi trabajo para dedicarme de lleno a esto. El primer paso fue Reto Zapopan, me acerqué con mi dibujo, un prototipo, y la verdad hace un año nadie creía en lo que hacía, como que no lograban imaginárselo. Ellos creyeron y nos dieron la carta abierta, y salimos con un prototipo ya funcionando. Recibimos consultoría, mentoría, acceso a financiamiento e internacionalización. Tuvimos la oportunidad de ir a presentar el proyecto a Chile y a Estados Unidos. Fuimos una de las 10 empresas que representaron a México en Boston, eso hizo que viera los negocios de otra manera. En México vamos por buen camino pero nos queda muchísimo que aprender como ecosistema y como inversionistas.
¿Cuáles fueron las diferencias que percibiste entre los inversionistas mexicanos y los de otros países? 
Es todo. La manera en que nosotros vemos el dinero es completamente diferente. Cuando llegué y les dije lo que necesitaba de inversión allá -en Estados Unidos- se rieron y me dijeron que eso es lo que cobra el abogado por hacer los papeles de inversión. Me dijeron: ‘agrégale dos ceros’. Allá los inversionistas tienen una visión muy diferente. De aquel lado casi ningún fondo de inversión  te pide más que del 5 al 7% de tu empresa. Y te dejan a ti operar y te supervisan.Los inversionistas aquí trabajan de manera diferente. Y también nosotros, los emprendedores mexicanos, no sabemos pedir. Somos pésimos. Tenemos que aprender a valorarnos, a valorar nuestro producto y a ver el potencial.
¿Cuáles han sido los mayores retos? 
Es muy común que las condiciones comerciales de las cadenas lleven a la empresa a la quiebra. Porque te exigen mucho y te “ahorcan” por diferentes lados, que tú en una primera instancia no te das cuenta. Te sientas con una cadena que te dice que le interesa. Luego te piden un descuento sobre el descuento, entonces al final la utilidad de la empresa ya es mucho menor. También eres responsable por pagar descuentos de logística por utilizar sus centros de distribución y rutas de entrega. Y te van a pagar a 90 días, cuando tú le tienes que pagar a tus proveedores en 15 días. Suponiendo que como empresa lo puedas hacer, al mes de venta ellos te dicen que al producto le fue bien y que quieren encargarte más. Y ahí, como empresa, ya no tienes dinero para hacerlo. Y si no, ya tienes que meterte a préstamos y es una “bola de nieve”.
¿Cómo nació la iniciativa de que el producto fuera ecológico? 
Cuando empezamos me molestaba pensar en hacer un producto de plástico que contaminara. La pieza está hecha de plástico inyectado a altas temperaturas, si te lo tragas no pasa nada. Este material lo produce el socio de Chávez, Jaime García, quien fue el encargado de crear el material idóneo para dar vida a la idea del emprendedor. Además se descompone poco a poco y nuestra intención es que se descomponga más rápido que un chicle, cuando tú lo tiras a la basura tiene impacto cero y el empaque hoy por hoy es reciclable.
¿Cuál es tu visión como empresario? 
Llega un punto en donde te preguntas qué quieres transmitir; mi intención es generar valor en el país. Los mexicanos somos muy buenos para producir cosas de calidad, eso, sumado al costo bajo de mano de obra hace que seamos un país perfecto para maquillar.  Pero el mexicano también es buenísimo para crear cosas y resolver problemas.  Es esto lo que tenemos que empezar a explotar y llevar a todo el mundo”. Ya hay empresas que están empezando a generar talento, valor agregado. El plan es generar valor agregado a través de patentes, modelos de utilidad o algún tipo de propiedad intelectual.  En el transcurso debemos crear buenas empresas con empleos de calidad, y así transmitir al resto del mundo qué es lo que está sucediendo en México.

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