El placer de comer

El placer de comer

Humberto Guajardo
20 septiembre, 2017

No muchas personas saben lo que significa la estimulación oral, pues bien, les comento que a principios del siglo XX un médico llamado Sigmund Freud, después llamado “padre del psicoanálisis”, encontró la enorme influencia que tiene la boca en los niños, adolescentes y adultos, sobre las emociones humanas, es decir, la región oral; de ahí que cuando se refiere uno a la estimulación de esa parte, estamos hablando de hablar, cantar, beber o comer. La comida, desde tiempos inmemoriales, ha servido no sólo de combustible que mantiene la parte biológica funcionando de manera adecuada, sino también ha sido el elemento para numerosos eventos religiosos, sociales, políticos y demás.

Hoy en día, sabemos que las personas buscamos de manera básica dos cosas: comida sabrosa y ambiente agradable, dos factores que van a determinar que un restaurante sea visitado e incluso recomendado para que otros lo visiten y vivan una experiencia sensorial especial, tal como lo hizo aquel o aquella que lo recomendó. Mucha gente me puede decir que el precio es muy importante, lo cual es cierto, pero también todos sabemos que a veces se vale darse un lujo, cuando estamos convencidos de que lo que vamos a recibir lo vale.
    Festejar a alguien, hablar de negocios, pasarse un rato así nada más, son los buenos pretextos para que se acuda a aquel lugar que uno considera especial, pero claro, por supuesto que un tercer elemento que todo comensal que se precie de ser respetable busca es la atención; desde que llegamos a un restaurante podemos notar si el personal está bien capacitado en generar ambientes o solamente se le entrenó para servir, cocinar y cobrar.

    No me dejará mentir usted que amablemente nos lee, que es cierto que en ocasiones el servicio adereza al platillo, que si uno va acompañado con la familia o los amigos y es bien tratado, genera una sensación de agrado más allá que solamente el estómago satisfecho y esto es porque el ser humano ha pasado de ser un ser vivo que solo come para no morir, a hacer de la hora de los alimentos, momentos que van desde típicos y rutinarios hasta verdaderamente inolvidables.
    Una cosa si les voy a pedir con mucho respeto, fomenten el arte de la sobremesa, de ese espacio al final de compartir el pan y la sal en que se comentan, escuchan e intercambian temas de todo tipo, ya en otra edición de esta misma revista lo apunté, convivir sentados a la mesa ayuda a reforzar lazos, ¡aprovechémoslos!; si ya tenemos esa oportunidad de tener un buen ambiente, alimentos deliciosos, una atención adecuada, a nosotros nos toca poner el hambre y la actitud, dos ingredientes que hacen una maravillosa mezcla, ¡provecho!




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