Alejandra Vidaurri

Alejandra Vidaurri

Mónica Garza
24 enero, 2018

En los últimos años, el ritmo de vida en nuestro país se ha vuelto exponencialmente más acelerado. Cada vez contamos con más tráfico, todo ha encarecido, el trabajo es más exigente y el estrés nunca se va.

Para mantener el cuerpo y la mente saludable, existen diferentes alternativas de relajación y rehabilitación y el yoga es una de ellas.

Tuvimos la oportunidad de sentarnos con Alejandra Vidaurri, maestra de baile y de yoga que ha fusionado estas dos pasiones para promover la salud y el bienestar en Monterrey y en nuestro país.

Trayectoria

Practico yoga desde hace 10 años. Empecé tomando una clase para principiantes, porque no pude hacer mucho ejercicio al principio después de una lesión de cadera. Estuve en reposo por nueve meses y los doctores me recomendaron entrar en rehabilitación para recuperarme. Por azares del destino acabé haciendo yoga, me empecé a sentir muy bien, me recuperé, y me empecé a meter a clases más dinámicas. Me enamoré desde las primeras clases.

Al año de haber empezado mi práctica diaria, tomé un entrenamiento de 200 horas para ser maestra de yoga de Vinyasa específicamente. Me gradué como Licenciada en Enseñanza de la Danza de la Escuela Superior de Música y Danza y usé el yoga para mi tesis, “Un respiro para la danza: yoga para bailarines”.

Comencé a fusionar mis dos pasiones (danza y yoga) para buscar movimientos más fluidos y rítmicos en mi práctica. Buscando eso, tomé un segundo entrenamiento para maestros en Hatha Flow de 200 horas en Yandara Institute en Baja Calfornia. Regresé a Monterrey para completar 100 horas de certificación en Rocket Yoga. Desde entonces, me gusta tomar clases en diferentes centros y probar diversos estilos. Hay demasiados estilos de yoga con diferentes alineaciones y estudios, pero al final de cuentas todos estamos haciendo lo mismo.

¿Cómo surge tu pasión por el yoga?

Lo que hizo que me gustara más fue que a diferencia del ballet era mucho más suave para el cuerpo. En ballet era más intenso, o todo o nada. En yoga todo está bien. Me sentí  bien con mi cuerpo, cero presionada por lograr objetivos, y sin tener un deadline para hacer triple pirueta para una función. Ese relax de no tener presión por lograr algo y que todo sea progresivo, fue lo que más me ganchó.

¿Cuál es el mayor reto al que te has enfrentado?

El reto principal como maestra es que los alumnos no se desesperen y que logren entender que no tienes que ser ni flexible ni fuerte para hacer yoga. El yoga se puede practicar a cualquier edad y en cualquier lugar y mucha gente no lo ve así. Nos encontramos en una sociedad en la que estamos acostumbrados a que todo es una competencia y que todo mundo tiene que ser el más perfecto, el más goleador, la más flexible.

El quitar ese estereotipo de que no tienes que ser perfecto es lo más difícil porque si no te sale hoy a lo mejor mañana te sale. Lograr esa paciencia en los alumnos es lo más difícil y trabajar con bailarinas que quieren hacer de todo, porque les tienes que enseñar a tenerle paciencia a su cuerpo y saberlo escuchar para que no lleguen a su límite sino dos rayitas abajo. Como maestra es un reto enseñarlo, transmitirlo y que de verdad lo entiendan.

¿Qué se necesita para practicar yoga?

Para practicar yoga se necesita un tapete y ganas de empezar. No más. Yo comencé sin poder hacer mucho por una lesión, y es increíble como progresivamente tu cuerpo va avanzando y sintiéndose mejor. Es una práctica muy completa al integrar meditación, respiración y movimiento. TODOS pueden hacer yoga. TODOS.

¿Cuál ha sido tu mejor experiencia?

Yo creo que dos. La primera fue una vez que tomé una clase de paddle board yoga que dije “vamos a ver qué es esto”, me caí al agua por supuesto y dije “qué risa, lo más sencillo se vuelve lo más complicado.” Fue una experiencia súper divertida, diferente y retadora al sentirte súper estable en el piso y querer hacer lo mismo pero en una tabla. La segunda, me fui dos veranos a Baja California: uno a estudiar y otro a trabajar. Cuando me fui a trabajar y viví allá mes y medio, fue una de las mejores experiencias de mi vida.

Levantarte, escuchar el mar, meditar, salir a caminar, tomar clases de música hindú, de chamanismo, fue un mes y medio que me dediqué en todo lo que tiene que ver con yoga. Fue un detox porque comíamos súper vegano, y fue una experiencia muy real a lo que es vivir sin apegos a cosas materiales. Fue un desconecte absoluto y concentrarme en yoga y en todo lo que conlleva.

¿Qué planes tienes en el futuro?

Mis planes a futuro como maestra de yoga es seguir intentando no caerme de un parado de manos jaja. Me gusta mucho trabajar con bailarines de alto rendimiento y darles clases de yoga como alternativa a sus entrenamientos y como método de rehabilitación para ciertas lesiones. Me gustaría seguir integrando la danza y el yoga y que cada vez más niños chiquitos empiecen a practicarlo. Doy clases todos los días a todas las edades, y así como se beneficia una niña de seis años, también se beneficia un adulto de 50.

 

 





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