Un ángel maternal comprometido con la niñez

Un ángel maternal comprometido con la niñez

El amor maternal y el compromiso social han sido los pilares de la vida de Erika Cid, quien ha dedicado su vida al cuidado y protección de niños que buscan tener una feliz niñez a pesar de todas las adversidades.

Felipe H. Leal
10 mayo, 2018

Erika Cid, fundadora y directora de Sueños y Esperanzas AC

El compromiso social es algo que Erika Cid (Ciudad de México, 1972) trae en su ADN. Sus papás y abuelos le inculcaron el valor de servir a los demás, y a muy temprana edad descubrió que su vocación estaba en velar por los niños desprotegidos.

Desde entonces, ha estado involucrada en distintos esfuerzos y proyectos, pero hace 12 años que fundó Sueños y Esperanzas AC, una asociación cuya casa hogar actualmente acoge a 60 niños.

Para ella, su mayor apoyo ha estado en su esposo y sus hijos, quienes la han respaldado en todo momento para que cuide de los niños que llegan a la casa hogar que dirige. Sin duda, es una responsabilidad enorme la que recae en Erika, pero ella disfruta de ver por los niños que recibe y de regalarles una nueva oportunidad en la vida.

¿Qué fue lo que te impulsó a involucrarte en proyectos sociales? ¿Cómo empezaste?

Desde chica, mis papás siempre estuvieron involucrados en alguna causa, y a nosotros nos inculcaron ver por los demás. Pero realmente me involucré en esto cuando mis papás empezaron a ayudar en una ranchería cerca de Zapotlanejo. Mi papá era médico y puso un dispensario en ese lugar. Entonces, todos los sábados íbamos y, mientras mi papá daba las consultas, mi mamá apoyaba a las mujeres y yo iba a cuidar y jugar con los niños. Al principio, eran unos 20 niños, pero después ya venían de otras rancherías y se juntaban más de 100.

Después, empecé a organizar fiestas, juegos y actividades en las que me ayudaban mis amigos de la escuela, y realmente aprendí y disfruté mucho de esa experiencia. Me encantaban los niños y, sobre todo, ver cómo se encariñaban conmigo, así que desde ese momento supe que yo tenía que hacer algo por ellos.

¿En qué momento de tu vida supiste que tu causa serían los niños desprotegidos?

Cuando nacieron mis hijos, que ha sido lo más maravilloso que me ha pasado en la vida. Al verme como mamá, empiezo a pensar otra vez en que no es posible que existan niños que no tengan ese amor y cuidado, sino lo opuesto, que les toque vivir en situaciones inimaginables.

Entonces, empiezo a involucrarme con una casa hogar que tenía 100 niños y niñas que estaban ahí por algún tipo de delito y, mientras mis hijos estaban en la escuela, yo me iba a esa casa hogar a tratar de hacer algo. Pero yo no entendía por qué, si esos niños ya habían sufrido tantas cosas y no contaban con sus papás para que los amaran, por qué tenían que vivir en esa situación.

Aunque ya no estaban en la calle, o eran violentados, vivían en total abandono, en condiciones deplorables y sin ninguna formación o muestra de cariño. Es en ese momento que decido invitar a mis amigas, que me acompañaban a esa casa hogar, para tratar de darles una mejor vida a esos niños, y a tratarlos como si fueran nuestros propios hijos.

¿Qué tal ha sido el apoyo de tu familia a lo largo de estos años? ¿Participan también en la asociación?

El apoyo de mi familia ha sido incondicional. Mi esposo y mis hijos están totalmente involucrados, porque de otra forma sería imposible sacar todo esto adelante. Cuando me preguntan si hice esto porque no tengo hijos, o porque tuve alguna situación trágica, yo les contesto que es todo lo contrario, que tengo dos hijos maravillosos y que ellos fueron los que me impulsaron a lograrlo.

Sabemos que tu abuelo fue muy importante para ti y para la consolidación de Sueños y Esperanzas AC. Cuéntanos del impacto que tuvo en tu vida:

En el temblor de la Ciudad de México de 1985, yo tenía apenas 13 años, pero recuerdo que en las noticias vi cuando rescataron con vida a cinco bebés y cómo me afectó darme cuenta que ya no tenían a sus papás, o a nadie que pudiera cuidarlos.

Agarré de inmediato el teléfono, le marqué a mi abuelo, que vivía allá, y le pedí que por favor me diera el dinero para abrir una casa hogar que viera por los niños. Su respuesta fue: “hija, te felicito por ese corazón que tienes, pero ahorita ponte a hacer lo que te toca, que es estudiar y hacer tu vida… Deja de pensar en eso y, algún día, si es lo que quieres, ya lo harás”. Me acuerdo que lloré como nunca, además de que me enojé muchísimo con mi abuelo porque él, que siempre me apoyaba en todo, me había dicho que no.

Sin embargo, me hice a la idea y le dije que algún día iba a poner una casa hogar y eso fue lo que hice 21 años después del temblor. Lamentablemente, mi abuelo ya no estaba con nosotros para verla, pero sé que ha de estar muy orgulloso de mí.

“Sueños y Esperanzas es mi proyecto de vida y mi manera de ayudar a los niños que se quedan sin sus papás, sin hogar”

¿Qué tal es tu relación con todos y cada uno de los niños que llegan y se van de la casa?

Para mí, son mis hijos. Desde el momento en que llegan se convierten en uno de mis hijos, y todas las personas que trabajan o están aquí, los ven y tratan de la misma manera. Son niños amados, protegidos, educados y cuidados.

Rebeca, mi mejor amiga, empezó conmigo todo esto, y siempre he dicho que somos el papá y la mamá de nuestros pequeñitos, porque siempre estamos juntas en todo y luchamos cada una en lo que nos toca, como luchamos por nuestros hijos de sangre. Claro que nos cuesta mucho trabajo cuando uno se va, porque es un desprendimiento muy fuerte, pero hasta en ese momento sabemos que cumplimos nuestra meta con el chiquito.

Lo más importante para todos los seres humanos es tener una familia, y esa es la parte más importante que les ofrecemos en la casa. Mientras están aquí, viven igual que nuestros hijos, pero día a día luchamos para que puedan encontrar una familia.

¿Cómo es una semana normal para la asociación? ¿Qué tipo de actividades realizan?

Es como en una casa normal: se despiertan, los arreglan, desayunan; los más grandes se van al kinder, y los demás se quedan en casa para realizar actividades.

Tenemos áreas para todo, como salones de arte, música, lectura, manualidades, computación, jardín y juegos. Después, llegan los de la escuela, y se van otros niños al kinder en el horario de la tarde.

También tenemos chiquitas que van a clases de jazz, de acondicionamiento físico, y niños que necesitan terapias especiales que nosotros les conseguimos. Los niños de Sueños y Esperanzas AC acuden a estudiar y a esparcirse a los mismos lugares a los que van nuestros hijos, aunque la mayoría de ellos son menores de tres años que necesitan atenciones y cuidados muy específicos.

¿De qué manera te pueden ayudar con la manutención de la casa o con el trabajo que requiere cada uno de los niños?

La casa la mantenemos con donativos. Es muchísimo el gasto. Pero gracias a Dios siempre hay personas increíbles, a las que nosotras llamamos “ángeles”, que creen en este proyecto y que les encanta ver que su ayuda realmente se nota.

Hemos podido cambiar la idea de que, no porque sea una casa hogar, los niños tengan que vivir mal o con carencias, al contrario, pueden vivir incluso mejor que nuestros hijos. Entonces, el apoyo que más necesitamos es económico, y por eso contamos con opciones de donativos fijos mensuales, becas para niños, donativos únicos, y a todos ellos nosotros les damos su recibo deducible de impuestos.

También es importante decir que en estos 12 años no solo nos hemos encargado de cuidar a los niños como nuestros hijos, sino que hemos hecho todo lo mejor, cumpliendo con todas las reglas, con transparencia, y certificándonos en las diferentes instancias, ya que eso les da mucha seguridad a las personas que nos donan.

Como están las cosas ahorita, no es fácil que demos nuestro dinero a un lugar que no es seguro o en el que no vemos resultados. Aunque eso no quita que no recibamos donativos en especie, pues necesitamos  400 pañales diarios, toallitas húmedas, leche para bebé, leche normal, y muchas cosas más.





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