Empresa familiar, ¿una bomba de tiempo?

Empresa familiar, ¿una bomba de tiempo?

Haz que el éxito sea lo único que detone

José Mario Rizo Rivas
13 abril, 2018

Ser parientes y socios es común. El reto es hacerlo lucrativo. La rentabilidad en la empresa familiar es un escenario real siempre y cuando conozcas los puntos débiles y cómo contenerlos, ¿quieres saber cómo delinear la estrategia para tu negocio?

Día con día, con la globalización y la competencia a cuestas, las empresas familiares en México tienen que sobrevivir. Sin embargo, el mayor problema se vive al interior de los negocios: existen deficiencias tanto en la profesionalización de los miembros como en la formalidad de los procesos. Con el paso del tiempo, el problema se va agravando. Así, se llega a la estadística fatal en la que 9 de cada 10 empresas se disuelven en la tercera generación. La explicación principal de las fallas se explica en dos palabras: carga emotiva. Al integrarse con familiares, las empresas afectan elementos fundamentales para su funcionamiento como el traspaso de poderes y, sobre todo, la organización entre los miembros, por ejemplo, asignarle a un familiar un puesto directivo sin tener la capacidad de desempeñarlo, ¿te pareció conocido?

Otro consejo que puede ayudarnos a prevenir y resolver conflictos, es definir la visión del negocio. Se trata de aterrizar, después de un análisis profundo, lo que se quiere compartir como empresa, y que le sea común a todos los miembros. Compartir adquiere significado cuando nos damos cuenta de la importancia de identificar con otros el destino al que nos dirigimos.

Además, lo más conveniente es cultivar el espíritu de la negociación y la conciliación, abonar continuamente a que los integrantes se relacionen asertivamente, en un ambiente de respeto, cooperación y perdón. El perdonar no es lo mismo que justificar, olvidar o excusarse de algo. Perdonar no es lo mismo que reconciliarse. La reconciliación exige que dos personas se respeten mutuamente. Y es la respuesta moral de una persona a la injusticia que otra ha cometido contra ella.

También es sano fomentar la implementación de actividades y proyectos específicos para los miembros. Recuerda que mantener la mente y energía enfocada en el presente, evita embarcarnos en conflictos. Simplemente, ni siquiera habrá espacio qué ocupar con problemas. Es importante señalar que cada empresa y familia son un ente único e irrepetible, y que no se puede generalizar en cuanto a metodologías y prácticas para enfrentar y solucionar los problemas que se presenten.

Ahora ya lo sabes, el factor emocional también puede jugar a favor de tu empresa. Fortalece los lazos, implementa un ambiente profesional y ¡dale la bienvenida a la rentabilidad! Ten presente siempre que el principal reto para el fundador y sucesor es el que señala el especialista y escritor en temas de empresas familiares Santiago Antognolli: “La empresa de familia debe enfrentar siempre, a lo largo de su crecimiento, distintos tipos de problemas, siendo los tres más difíciles de superar: la sucesión, la sucesión y la sucesión”.

¡Manos a la obra!

Ahora que entendemos mejor de dónde provienen los conflictos, revisemos las ideas prácticas para evitarlos, o en su momento, solucionarlos.

1. Clarifica las reglas de juego en temas potencialmente conflictivos.

Siempre que existan relaciones entre personas, familiares o no, habrá problemas. Lo mejor es contar con un protocolo básico para saber cómo actuar.

2. Diseña una organización profesional.

Deben establecerse las responsabilidades específicas para cada cargo y asignarlo a partir de las trayectorias y capacidades; en caso necesario, es válida la contratación de personal externo, ajeno a la familia.

3. Crea un Consejo de Administración para garantizar la profesionalización de la empresa y un desempeño basado en estándares profesionales.

Es sano incluir la participación de consejeros independientes, que equilibren el factor emocional.

4. Implementa un Consejo de Familia.

Este puede ser el órgano máximo para resolver las problemáticas que sean de índole interno. Lo más conveniente es que uno de los miembros se profesionalice como “mediador”, y que a él se recurra en caso de presentarse un desacuerdo.





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